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martes, 11 de agosto de 2015

 LOST IN TRANSLATION
Soundtrack by Various Artists
Emperor Norton
2003
 



¿Es todavía posible hacer una película muda en el siglo XXI? Sofia Coppola dijo que sí, y en 2003 resultó su manifiesto: "Lost in Translation", el amor traducido, es el comienzo de todo, y el final para muchos. Porque a veces para dar a entender, sólo necesitas una pista, un pequeño gesto, o un ligero toque, en vez de decir muchas cosas.
No puedo decir cuántas personas me han dicho que no entienden "Lost in Translation". Quieren saber de qué se trata. Se quejan de que "no pasa nada". Ellos han sido entrenados en sus vidas por películas que les dicen dónde buscar y qué hay que sentir, en las historias que tienen un principio, un desarrollo y un final. "Lost in Translation" ofrece una experiencia en el ejercicio de la empatía. Es una cuestión de la lectura de nuestras propias emociones en una pizarra en blanco a espera de ser escrita. Bob Harris (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johansson), ambos atrapados en  matrimonios carentes de estímulos, se conocen durante un período de estancia en un hotel de Tokio, cada uno por sus propias razones. Sofia Coppola, hija del padrino, da una prueba más de que hacer una película no es simplemente realizar una historia contada, sino que tambien debe contener algo en que nos sea memorable para nosotros, un momento, un par de segundos para tener el don de la inmortalidad, ya sabes, como revivir un dejavú y verte dentro de la pantalla siendo el personaje viviendo las mismas experiencias. Estos momentos sólo se celebran con los extraños. Todos tenemos la necesidad de hablar de la metafísica, pero los que nos conocen bien quieren saber detalles específicos; los extraños nos permiten operar más vagamente en una escala cósmica de nuestra vida. Cuando se produce la charla entre dos personas bien avenidas, se reúne una carga emocional especial: sólo se puede decir "me siento como si te conociera desde hace años" a alguien que no has visto en la vida. Es curioso, cómo tu cónyuge normalmente no entiende la fugacidad agridulce de la vida, así como un extraño encontrado en un bar de un hotel. Sin embargo, "Lost in Translation" es demasiado inteligente y reflexiva a ser el tipo de película en la que se van a la cama y se supone que debemos aceptar como unica respuesta. Sofia Coppola, quien escribió y dirigió, no los deja fuera el instinto tan fácil y evidente. Comparten algo tan personal como sus sentimientos en lugar de algo tan genérico y de serie como sus genitales.
La superficialidad de las palabras a veces se alejan del propio significado, escenas como esta: "¿Tengo que preocuparme por ti, Bob?" su esposa le pregunta por teléfono. "Sólo si quieres", le responde. Palabras que sobran y dan mas significado al propio silencio porque son la evidencia de unos personajes que se han convertido en lo suficientemente reales como para merecer su privacidad emocional, al igual que la escena final de la película, donde jamas deberiamos deberíamos estar autorizados a escucharla y tal como sucede no escuchamos el susurro que le propina Bob a Charlotte.  Pero yo me pregunto: ¿Quién sabe lo que le susurra al oído? ¿A quién le importa? Es probablemente algo muy bonito y agradable.


Bien, la banda sonora. La pasión por la música se encuentra intacta en los vástagos de la familia Coppola, son muchas las peliculas que cuentan entre las obras maestras de todos los tiempos. La única mujer en la familia, Sofia Coppola, es declarada como una gran melómana, cosa que ya se pudo comprobar con Las virgenes suicidas. Es difícil encontrar una nota falsa en el contexto musical de la película, cada canción acaricia suavemente cada fotograma. Los ejemplos son claros: Brian Ferry, Death In Vegas, Sebastien Tellier, My Bloody Valentine y otros artistas en una mezcla que se hace eco en plena armonía con la historia. Esta operación exitosa de Coppola ha encontrado una vez más en la música la plusvalía absoluta: si en su primera película había confiado en Air, ahora confió la banda sonora en Kevin Shields de My Bloody Valentine, una alegria para los fans del llamado shoegaze de finales de los ochenta, la música que nos acompaña a lo largo de la película y que, con la canción elegida para el final de los hermanos Reid, envía escalofríos por mi columna vertebral poniendome los ojos rojos al igual que Scarlett, y mis párpados aleteando al unísono en cada nota de Just Like A Honey.

Puntuación *10/10


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